El Grifo se incorporó y se frotó los ojos; después estuvo mirando a la Reina hasta que se perdió de vista; después soltó una carcajada burlona.
–¡Tiene gracia! –dijo el Grifo, medio para sí, medio dirigiéndose a Alicia.
–¿Qué es lo que tiene gracia? –preguntó Alicia.
–Ella –contestó el Grifo.– Todo son fantasías suyas. Nunca ejecutan a nadie, sabes. ¡Vamos!





