–Bueno, pues hay que eliminarlo –dijo el Rey con decisión, y llamó a la Reina, que precisamente pasaba por alli–. ¡Querida! ¡Me gustaría que eliminaras a este gato!
Para la Reina sólo existía un modo de resolver los problemas, fueran grandes o pequeños.
–¡Que le corten la cabeza! –ordenó, sin molestarse siquiera en echarle una ojeada.





